Era costumbre de la tribu que las mujeres se casasen pronto y que los hombres lo hicieran al convertirse en guerreros. Cuando Potira llegó a la edad de casamiento, Itagibá adquirió la condición de guerrero. Ambos se amaban, habían decidido compartir sus vidas, compartir sonrisas y momentos difíciles, ser compañeros. Y aunque otros jóvenes también suspiraban por Potira, ella no tuvo dudas, y se unió con Itagibá en una gran fiesta.
la verdad es q me gusta sentir el amor entre personas y aunque me dice mi cabeza q no esta echo para mi ,,sigo suspirando y soñando ...