La EBAU termina y obliga a elegir carreras con mayor salida laboral
Cientos de miles de estudiantes finalizan la selectividad y deben calibrar las salidas laborales ante una oferta académica condicionada por la caída…
Cientos de miles de estudiantes de Bachillerato culminan esta semana la Evaluación de Acceso a la Universidad (EBAU) en las distintas sedes universitarias de España y se enfrentan de inmediato al proceso de preinscripción. La finalización de los exámenes de la fase general activa el reloj para una decisión que marca el futuro profesional: la elección de grado universitario. Este año, la ecuación se ha complicado y la tradicional tensión entre vocación y gustos personales ha cedido terreno ante la variable de la empleabilidad real.
La nota de corte cede terreno ante la tasa de empleabilidad
Las carreras de las ramas de Ingeniería y Arquitectura, junto con los estudios de Ciencias de la Salud, lideran nuevamente el ranking de demandas. El último informe del Observatorio de Inserción Laboral de la Fundación Conocimiento y Desarrollo (CYD), correspondiente a 2025, situó la tasa de empleabilidad de los graduados en Informática e Ingenierías por encima del 90% en el primer año posterior a la obtención del título. Este dato contrasta fuertemente con las cifras de las titulaciones de Humanidades y Ciencias Sociales, donde las tasas de paro en los recién egresados superan la media nacional, según los registros del Instituto Nacional de Estadística (INE) del último cuatrimestre.
La realidad de los datos empuja a muchos alumnos con expedientes sobresalientes a decantarse por itinerarios técnicos a pesar de su inclinación personal por las letras o las artes. Las familias asumen esta orientación como una estrategia de supervivencia económica ante un contexto de inflación residual y encarecimiento de la vivienda. El cálculo de retorno de inversión de una carrera de cuatro o cinco años se ha convertido en una conversación habitual en los hogares españoles.
Las universidades fomentan los dobles grados ante la caída de matrícula
El descenso demográfico ha alterado la estructura competitiva del acceso a la universidad. La Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) ha advertido durante los últimos cursos sobre la reducción del número de alumnos potenciales, obligando a los centros a replantear su oferta. Las notas de corte, históricamente utilizadas como filtro de élite en estudios como Medicado o Derecho, han sufrido un estancamiento o incluso un ligero descenso en campus públicos de provincias menos densamente pobladas.
Para contrarrestar este déficit de alumnos, las universidades han multiplicado la implantación de dobles grados. Estas titulaciones, que permiten cursar dos carreras simultáneamente con una carga lectiva intensiva, funcionan como un mecanismo de atracción para los mejores expedientes. El sistema garantiza un volumen de matrícula mayor y unas tasas académicas más elevadas, fundamentales para la financiación de los centros ante la reducción de los fondos públicos destinados a universidad. Esta oferta diversa, aunque atractiva, incrementa la presión sobre el estudiante, que debe decidir a una edad temprana si especializa al máximo su perfil académico.
Este escenario dista considerablemente del contexto de expansión universitaria que vivió España a principios del siglo XXI, cuando el auge demográfico y la burbuja inmobiliaria enmascararon la futura saturación de ciertos titulados. La irrupción acelerada de la inteligencia artificial y la automatización de tareas administrativas ha reconfigurado el mapa de necesidades del mercado laboral en apenas una década, desplazando la demanda hacia perfiles analíticos y técnicos que las facultades tradicionales tardan en adaptar.
La beca y el coste condicionan la decisión académica
El Ministerio de Educación y Formación Profesional mantiene las becas del curso 2026-2027 como el principal eje de la política de equidad educativa, aunque los requisitos de umbral de rentas familiares no han acompañado al aumento generalizado del coste de la vida. Estudiar fuera de la ciudad de residencia implica un desembolso que muchas economías domésticas no pueden asumir sin el respaldo de la ayuda oficial. Esta limitación geográfica condiciona las listas de preferencia de los alumnos, que a menudo sacrificing su opción vocacional principal por una titulación disponible en la universidad pública más cercana para minimizar gastos.
La incertidumbre sobre la convocatoria de becas de carácter mobility o las ligadas a rendimiento académico añade estrés a un proceso que debería ser puramente académico. Los orientadores de los institutos recomiendan cada vez con más frecuencia aplicar la prudencia en la nota de corte de la quinta opción de la lista, ya que la sobreoptimización en las cuatro primeras puede dejar al estudiante sin plaza asignada en la primera fase de adjudicación.
Las comunidades autónomas abrirán los plazos de preinscripción a lo largo de las próximas dos semanas, con calendarios que varían ligeramente según la región pero que convergen en un mismo periodo de tensión. La adjudicación de plazas para el curso que comienza en septiembre se resolverá en dos o tres fases sucesivas durante todo el mes de julio. Hasta entonces, los teléfonos de los servicios de información universitaria y las consultas en foros digitales mantendrán a los recién examinados en una espera constante por conocer cuál será su destino académico y profesional para los próximos años.
Puntos clave
- El informe del Observatorio de Inserción Laboral de la Fundación CYD de 2025 situó la tasa de empleabilidad de los graduados en Informática e Ingenierías por encima del 90%.
- La disminución de la natalidad en España ha forzado a las universidades públicas a ampliar la oferta de dobles grados para mantener sus niveles de matrícula.
- Las comunidades autónomas abrirán los plazos de preinscripción universitaria en junio y resolverán la adjudicación de plazas en varias fases durante el mes de julio.