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PortalChat · Deportes: 1,8 millones de hondureños sufren crisis alimentaria
Deportes 4 min de lectura · España
Redacción PortalChat

1,8 millones de hondureños sufren crisis alimentaria

La falta de lluvias y la pérdida de poder adquisitivo empujan a 1,8 millones de personas en Honduras a una emergencia alimentaria que puede agravarse…

Unos 1,8 millones de personas en Honduras afrontan una crisis alimentaria provocada por la combinación de una sequía prolongada y la falta de ingresos suficientes para cubrir la canasta básica. La situación, que afecta sobre todo al corredor seco centroamericano, se ha agravado durante los primeros meses de 2026 y amenaza con extenderse si no se producen lluvias regulares antes de la próxima cosecha de maíz y frijol.

El corredor seco: una herida que no cicatriza

La crisis actual no es un fenómeno repentino. Honduras forma parte del denominado corredor seco centroamericano, una franja que atraviesa Guatemala, El Salvador, Nicaragua y parte de Costa Rica, donde las precipitaciones son históricamente escasas e irregulares. Pero lo que antes era un ciclo de sequías cada cinco o siete años se ha convertido en una constante. Los registros meteorológicos de los últimos tres años muestran una disminución acumulada de las lluvias que ha dejado sin reservas a los pequeños agricultores de subsistencia. La pérdida de la primera cosecha de granos básicos —la de primera, que se recoge entre agosto y septiembre— ha sido casi total en los departamentos de Choluteca, Valle, El Paraíso y Francisco Morazán. Según datos del Sistema de Naciones Unidas, más del 60% de la población rural de esas zonas depende de lo que cultiva para comer. Cuando la tierra no produce, no hay dinero para comprar alimentos.

El ingreso familiar se desploma mientras los precios suben

La sequía no actúa sola. La falta de ingresos es el otro vector de la crisis. El salario mínimo en Honduras ronda los 9.000 lempiras mensuales (unos 330 euros), una cifra que en 2026 ha perdido más de un 15% de poder adquisitivo respecto a 2024 debido a la inflación acumulada en alimentos y transporte. El maíz, base de la dieta hondureña, ha subido un 28% en los últimos doce meses en los mercados de Tegucigalpa y San Pedro Sula. El frijol, otro pilar, ha encarecido un 35%. Las remesas familiares, que sostienen a millones de hogares, han disminuido ligeramente por la desaceleración económica de Estados Unidos, el principal origen de los envíos. El resultado es un cóctel explosivo: la gente come menos, peor y con menos frecuencia. Los informes de los organismos humanitarios presentes en el país hablan de un aumento de las tasas de desnutrición aguda en niños menores de cinco años, sobre todo en las comunidades indígenas lencas y chortís del occidente.

El Gobierno de Xiomara Castro ha declarado en varias ocasiones la alerta alimentaria en los municipios más afectados, pero las medidas de distribución de alimentos y transferencias monetarias no llegan con la rapidez necesaria. La burocracia, la falta de infraestructura vial y la dispersión geográfica de las comunidades dificultan la entrega de ayuda. Mientras tanto, la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG) lleva meses anunciando un plan de entrega de semillas resistentes a la sequía, pero su ejecución ha sido parcial: muchos agricultores denuncian que reciben las bolsas fuera del calendario de siembra o que las semillas no germinan por falta de humedad en el suelo.

Lo que viene: la cosecha de postrera como última tabla de salvación

La atención se centra ahora en la cosecha de postrera, que se siembra entre septiembre y octubre y se recolecta en diciembre y enero. Si las lluvias no llegan con regularidad a partir de la segunda quincena de agosto, el ciclo se perderá por segundo año consecutivo y el número de personas en crisis alimentaria podría superar los dos millones antes de que termine 2026. Las proyecciones de los organismos internacionales con presencia en Honduras indican que, en ese escenario, la ayuda alimentaria externa tendría que duplicarse para evitar una catástrofe humanitaria. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) mantiene equipos sobre el terreno, pero los fondos comprometidos por los donantes internacionales apenas cubren el 40% de las necesidades estimadas para este año. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) ha anunciado que priorizará la asistencia a niños, embarazadas y ancianos.

Honduras se enfrenta, además, a un problema estructural que ningún plan de emergencia puede resolver por sí solo: la deforestación masiva del corredor seco, que ha agravado la erosión del suelo y reducido la capacidad de retención de agua. Los programas de reforestación y de captación de agua de lluvia existen sobre el papel, pero avanzan a un ritmo insuficiente. La crisis de 2026 no es un bache puntual; es el síntoma de un modelo agrícola y económico que ha llegado a su límite. Lo que ocurra en las próximas semanas marcará el rumbo de la seguridad alimentaria del país centroamericano durante el resto de la década.

Puntos clave

  • Honduras registra 1,8 millones de personas en crisis alimentaria por la sequía en el corredor seco y la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, según datos de Naciones Unidas.
  • La cosecha de postrera, que se siembra en septiembre, es la última oportunidad para evitar que la crisis se extienda a más de dos millones de hondureños antes de 2027.
  • El salario mínimo hondureño, de unos 330 euros mensuales, ha perdido un 15% de poder adquisitivo desde 2024, mientras el maíz y el frijol suben más del 28% en los mercados.
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